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It was fraud, dammit! – ¡Fue fraude, carajo!

Juan Jose Toro writes in El Deber:

It was fraud, dammit!

The Death Eaters, those who long, announce and prepare for the return of the Dark Lord, have returned to the fray with the matter concluded, rushed and sacramented by electoral fraud.

“There was no fraud,” they point out, and their main argument is “a scientific study” that would have found flaws in the OAS report in this regard. From there, it was easy to articulate the discourse around the crushing theory of the coup d’état: “Imperialism armed everything in order to remove Brother Evo from power and the OAS was its instrument.”

And here it fits perfectly that “the thief believes that everyone is of his condition.” Sheep as they are, Death Eaters believe that others are like them; that is to say, that we accept that others think for us and we limit ourselves to repeating that alien thought. No. They are wrong. We know how to think for ourselves.

For this reason, the first thing that the sheep that bleat daily the coup d’état must understand, is that the OAS report was not decisive for the Bolivian people to be convinced that there was electoral fraud.

Before the OAS opened its mouth, journalists had warned of the fraud because it was exaggeratedly evident. In Potosí, for example, we only had to enter the Preliminary Electoral Results Transmission system and the Plurinational Electoral Body’s database to download them and then compare them with those that produced the electoral records. Not only did we find that the results differed markedly with the minutes —something that could be attributed to updating the data— but the repetition of handwritings and signatures in dozens of them. To make it clear: we were able to show that the same people filled out several minutes of remote voting precincts and in all of these the MAS won, often with total sums that did not correspond to the number of votes cast.

Electoral fraud was denounced in Bolivia long before the OAS arrived. When the mission of that organization arrived, the electoral courts had already burned and crowds were in the streets, no longer asking for new elections or a second round, but for the resignation of Evo Morales.

Bolivians verified that there was fraud, and we acted accordingly. To say that the OAS came to impose the idea on us is to insult our intelligence.

So it doesn’t matter how many tweets the dark lord squawks, or how much his Death Eaters amplify him. There was fraud and we Bolivians know it. And it was not just any fraud. Due to its dimensions, effects and the numbers that appear on all the papers, the one on October 20 was the largest electoral fraud in the history of Bolivia.

(*) Juan José Toro is the National Prize in Journalism History.

====versión español====

¡Fue fraude, carajo!

Los mortífagos, esos que ansían, anuncian y preparan el retorno del señor tenebroso, han vuelto a la carga con el asunto concluido, oleado y sacramentado del fraude electoral.

“No hubo fraude”, señalan y su principal argumento es “un estudio científico” que habría encontrado falencias en el informe de la OEA al respecto. A partir de ahí, fue fácil articular el discurso en torno a la machacona teoría del golpe de Estado: “El imperialismo armó todo con el fin de sacar al hermano Evo del poder y la OEA fue su instrumento”.

Y aquí encaja a la perfección aquello de que “el ladrón cree que todos son de su condición”. Borregos como son, los mortífagos creen que los demás somos como ellos; es decir, que aceptamos que otros piensen por nosotros y nosotros nos limitamos a repetir ese pensamiento ajeno. No. Están equivocados. Nosotros sabemos pensar por nosotros mismos.

Por eso, lo primero que tienen que entender las ovejas que balan diariamente el discurso del golpe de Estado es que el informe de la OEA no fue determinante para que el pueblo boliviano se convenza de que sí hubo fraude electoral.

Antes que la OEA abra el hocico, los periodistas habían advertido del fraude porque este era exageradamente evidente. En Potosí, por ejemplo, no tuvimos más que entrar al sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares y a la base de datos del Órgano Electoral Plurinacional para descargarlos y luego cotejarlos con los que arrojaban las actas electorales. No solo encontramos que los resultados diferían notablemente con las actas —algo que se podría atribuir a la actualización de datos— sino la repetición de letras y firmas en decenas de ellas. Para ponerlo claro: pudimos evidenciar que las mismas personas llenaron varias actas de recintos electorales alejados entre sí y en todas estas ganaba el MAS, muchas veces con sumas totales que no correspondían a la cantidad de votos emitidos.

El fraude electoral fue denunciado en Bolivia mucho antes de que llegara la OEA. Cuando la misión de ese organismo llegó, ya habían ardido los tribunales electorales y multitudes estabas en las calles, ya no pidiendo nuevas elecciones ni segunda vuelta, sino la renuncia de Evo Morales.

Los bolivianos comprobamos que hubo fraude, y actuamos en consecuencia. Decir que la OEA vino a imponernos la idea es insultar nuestra inteligencia.

Así que no importa cuántos tuits grazne el señor tenebroso, ni cuánto le amplifiquen sus mortífagos. Hubo fraude y los bolivianos lo sabemos. Y no fue un fraude cualquiera. Por sus dimensiones, efectos y los números que aparecen en todos los papeles, el del 20 de octubre fue el mayor fraude electoral en la historia de Bolivia.

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

https://eldeber.com.bo/185376_fue-fraude-carajo