By Erika Segales, El Deber:

El mayor costo de vida presiona los ingresos y frena el consumo

En los mercados los comerciantes advierten una baja demanda en la adquisición de productos. Foto: Ricardo Montero

Rising prices for goods and transportation are forcing families to adjust their shopping habits and postpone expenses they do not consider essential. The informal sector faces the dilemma of raising prices or losing sales

With the prices of basic goods rising and incomes failing to keep pace, families say their money no longer goes as far and they are choosing to buy “only what is necessary” at the market. Vendors warn that this situation is making it difficult to keep their businesses afloat.

“There are no sales because there is no cash circulating. Everything has gone up, and people can no longer afford it,” says a meat vendor at the Abasto Market, explaining why her customers are buying less and less.

In Santa Cruz, chicken was selling for Bs 15.50 per kilogram, up from Bs 13.50 the previous week. Although chicken remains cheaper than premium beef, which can cost as much as Bs 75 per kilogram, second-grade beef sells for Bs 65 and ground beef for Bs 56. In La Paz, chicken sells for Bs 16 per kilogram and beef for Bs 88.

In some departments across the country, bread prices are also adding to the pressure. Yesterday, the price per unit rose by 20 centavos. Bakers attribute the increase to a nearly Bs 100 rise in the price of a  quintal of flour, as well as higher sugar prices, while independent bakers are proposing alternatives.

“We are looking for options to prevent bread prices from rising. We have reduced the weight of each loaf, and I ask the public to be understanding and recognize that we have households to support, too,” said Elizabeth Galarza, president of the Independent Bakers Association.

Other products have also become more expensive. Potatoes that previously cost between Bs 40 and Bs 50 per arroba(approximately 11.5 kilograms) now cost between Bs 80 and Bs 90. Cooking oil has risen from Bs 18 to between Bs 20 and Bs 25, while a quintal of rice, which used to cost around Bs 350, now sells for between Bs 400 and Bs 600.

Economist and former minister Ramiro Cavero warns that accumulated inflation over recent years has not been matched by an equivalent recovery in incomes. “Just looking at 2024 and 2025, you have more than 30% inflation, and that definitely has not been reflected in wage increases,” he says.

However, the adjustments go beyond the amount of food that reaches the table. Rising expenses are also forcing households to prioritize utility bills, food and other necessities.

“Households first cut expenses that can be postponed: entertainment, restaurants, nonessential clothing, travel and durable goods. They may then switch to cheaper foods, consume less of certain products, postpone medical appointments or supplementary education, and reduce savings,” says economist Fernando Romero.

Both experts note that the situation affects workers differently depending on how they earn their income. Those receiving fixed salaries depend on the adjustments they can negotiate, while more than 80% of the population works independently and earns variable incomes that depend on demand for their products or services.

For the latter group, rising costs can directly reduce profit margins. Vendors must pay more for merchandise and transportation, while small businesses face the dilemma of passing those increases on to customers or absorbing them to avoid losing sales.

“When prices rise in the informal sector, you have two options: either you hold back to avoid losing customers and earn less, or, to recover your purchasing power, you have no choice but to raise the price of your services,” Cavero explains.

Romero, for his part, emphasizes that comparing the minimum wage with inflation can either overstate or understate the real situation.

Por Erika Segales, El Deber:

El mayor costo de vida presiona los ingresos y frena el consumo

En los mercados los comerciantes advierten una baja demanda en la adquisición de productos. Foto: Ricardo Montero

El encarecimiento de los productos y del transporte obliga a las familias a ajustar sus compras y postergar gastos que no consideran prioritarios. El sector informal enfrenta el dilema de subir costos o perder ventas

Con los precios de los productos básicos al alza y los ingresos que no avanzan al mismo ritmo, las familias señalan que el dinero para la compra ya no alcanza y optan por comprar “solo lo necesario” en el mercado. Los comerciantes advierten que esta situación dificulta sostener los negocios.

“No hay venta, porque no hay circulante, todo ha subido y a la gente ya no le alcanza”, resume una vendedora de carne en el mercado Abasto al explicar por qué sus clientes compran cada vez menos.

En Santa Cruz, el kilo de pollo se comercializaba a Bs 15,50, frente a los Bs 13,50 de la semana anterior. Aunque este producto todavía resulta más económico que la carne de res de primera que llega a costar a Bs 75 el kilo, la de segunda a Bs 65 y la carne molida a Bs 56. En La Paz el kilo de pollo se vende en Bs 16 y el kilo de carne a Bs 88.

En algunos departamentos del país el costo del pan también suma presión, ayer se aplicó un incremento de 20 centavos a la unidad. Los panificadores advierten un alza debido a la subida del quintal de harina en casi Bs 100, al igual que el quintal de azúcar y el sector independiente plantea alternativas.

“Buscamos opciones para evitar que suba el pan, hemos rebajado gramaje y pido a la población empatía y comprenda que también tenemos hogares”, expresó la presidenta de Panificadores Independientes, Elizabeth Galarza.

A esto se suma el alza de otros productos. La papa que antes compraba a entre Bs 40 y Bs 50 la arroba, ahora se compra entre Bs 80 y Bs 90. El aceite pasó de Bs 18 a precios de entre Bs 20 y Bs 25; el quintal de arroz, que costaba alrededor de Bs 350, ahora se encuentra entre Bs 400 y Bs 600.

El economista y exministro Ramiro Cavero advierte que la inflación acumulada en los últimos años no se traduce en una recuperación equivalente de los ingresos. “Solamente tomando en cuenta desde el 2024 y el 2025, básicamente ahí tienes más de 30% de inflación, y eso no se ha visto definitivamente reflejado en un aumento salarial”, señala.

Sin embargo, el ajuste no se reduce a la cantidad de alimentos que llegan a la mesa. El incremento de los gastos también condiciona a los hogares a priorizar el pago de servicios básicos, la alimentación y otras necesidades.

“Los hogares reducen primero gastos postergables: entretenimiento, restaurantes, ropa no urgente, viajes y compras de bienes duraderos. Después pueden cambiar a alimentos más baratos, disminuir el consumo de ciertos productos, postergar consultas médicas o educación complementaria y reducir el ahorro”, indica el economista Fernando Romero.

Ambos expertos señalan que la situación afecta de manera distinta a los trabajadores según la forma en que perciben sus ingresos. Mientras quienes reciben un salario fijo dependen de los ajustes que puedan negociar, más del 80% de la población que trabaja por cuenta propia y obtiene ingresos variables, sujetos a la demanda de sus productos o servicios.

En ese segundo grupo, el incremento de los costos puede reducir directamente los márgenes de ganancia. Los comerciantes deben pagar más por la mercadería y el transporte, mientras que los pequeños negocios enfrentan el dilema de trasladar esos aumentos a sus clientes o absorberlos para evitar perder ventas.

“Lo que ocurre con este aumento de precios en el sector informal tienes dos opciones: uno para no perder clientela, te aguantas y ganas menos (…) o para recuperar tu poder adquisitivo, no te queda otra que subir el precio de tus servicios”, explica Cavero.

Romero por su parte subraya que comparar el salario mínimo con la inflación puede sobreestimar o subestimar la situación real.

https://eldeber.com.bo/economia/mayor-costo-vida-presiona-ingresos-frena-consumo_1792492033

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