Daily Archives: September 24, 2020

Moral: Ausente – Absent

Renzo Abruzzese, Pagina Siete:

The moral reconstruction of the nation

The certainty that Morales was not willing to leave power and his perks was born (for years) not only from the monarchical sense that he had developed, but also from the conviction that he was predestined to run a country to his own liking. In the foundations of this esoteric predestination any argument would serve, even the famous statement that the moon would set and the sun would leave its orbit if the people turned their backs on him. Everything he said was endorsed by an almost divine aura, even if the curious assertions contradicted human reason from beginning to end.

The situation reached the point that if the reason did not accompany their justifications, the recourse was to invent a rosary of lies and half-truths or, failing that, to declare without the slightest modesty the opposite of what they did: they declared themselves lovers of the independence of powers, when they had been grotesquely subdued.

They declared themselves champions of democracy, when they tore it to pieces, claimed to respect human rights, when they violated them every minute and, finally, they showed themselves as true corsairs defending the Political Constitution of the State (the one that was approved in army barracks), while they trampled it mercilessly. This infinite sequence ended up generating a psychological anomaly that the masistas have not managed to overcome: they firmly believe in their own lies.

When the people regained democracy, the shock was not powerful enough to cause a spasm of reality in the ranks of the MAS. Today the most corrupt regime in the history of Bolivia tries to teach us lessons in righteousness, honesty and respect for the law. A government in which the list of crimes ranges from a senator who invents towns to steal the money of the peasants, to pedophiles, rapists, petty thieves, and drug addicts financing hordes of hired criminals, snipers and terrorists.

Few can make public denunciations and protests like the ones that encourage this note. The communicational apparatus and the networks still in force of Masismo are infinitely superior to any rational criterion or argument. However, all is not lost, citizens have an invincible weapon with an expiration date: the ballot box.

The only way to defeat this monstrous ideological apparatus that blurs the truth of things is by voting against an eventual return of the tyrant. That is the only weapon the dictatorship left us with and, therefore, using this invaluable resource it’s life or death.

The one who can confront this thousand-headed monster efficiently is the one who has proven to the Bolivian people their rectitude and moral capacity; because the moral capacity of candidates like Carlos Mesa is the Achilles heel of MAS and Morales’ nightmare. There may be many options, and eventually many of them may be very good, but they do not possess the ethical and moral strength of the Mesa candidate. The battle not only involves restoring democratic institutions, it also involves restoring the values of a social morality that the MAS pulverized in 14 years of corruption, immorality and drug trafficking.

It is not that now we only vote for whoever stands up to the dictator, there is more than one candidate of that stature; we will vote for those who are certain that they are capable of defeating the MAS and rebuilding a society that is the victim of the most appalling ethical and moral degeneration, and that possibility, in the contingency of the current situation, is only available to Carlos Mesa. In this article there is not only a public statement of my support for Mesa, there is also the anguish of those who see that the division of the vote is a suicidal act that history will judge relentlessly.

Renzo Abruzzese is a sociologist.

La reconstrucción moral de la nación

La certeza de que Morales no estaba dispuesto a dejar el poder y sus prebendas nacía (desde años atrás) no sólo del sentido monárquico que había desarrollado, sino, además, del convencimiento de que estaba predestinado a manejar un país a su regalado gusto.  En las fundamentaciones de esta predestinación esotérica cualquier argumento servía, incluso la famosa declaración de que la luna se ocultaría y el sol abandonaría su órbita si el pueblo le daba la espalda. Todo cuanto dijera tenía el aval de una aureola casi divina, aún si las curiosas aseveraciones contradijeran la razón humana de principio a fin.

La situación llegó al punto de que si la razón no acompañaba sus justificaciones, el recurso era inventar un rosario de mentiras y medias verdades o, en su defecto, declarar sin el menor recato lo contrario de lo que hacían: se declaraban amantes de la independencia de poderes, cuando los habían sometido grotescamente. 

Se declaraban adalides de la democracia, cuando la hacían pedazos, decían respetar los derechos humanos, cuando los violaban cada minuto y, finalmente, se mostraban como verdaderos corsarios defendiendo la Constitución Política del Estado (esa que la aprobaron en un cuartel), mientras la pisoteaban inmisericordemente. Esta infinita secuencia terminó generando una anomalía psicológica que los masistas no han logrado superar: creen firmemente en sus propias mentiras.

Cuando el pueblo recuperó la democracia, el sobresalto no fue lo suficientemente poderoso como para que produjera un espasmo de realidad en las filas del MAS. Hoy el régimen más corrupto de la historia de Bolivia pretende darnos lecciones de honestidad, de honradez y respeto a la ley. Un gobierno en que el listado de delitos registra desde un senador que inventa pueblos para robarse el dinero de los campesinos, hasta pedófilos, violadores, ladronzuelos de poca monta, y narcovinculados financiando hordas de criminales a sueldo, francotiradores y terroristas. 

Pocos pueden hacer denuncias y protestas públicas como las que animan esta nota. El aparato comunicacional y las redes aún vigentes del masismo son infinitamente superiores a cualquier criterio o argumento racional. Sin embargo, no todo está perdido, los ciudadanos tenemos un arma invencible con fecha de vencimiento: las urnas.

La única manera de derrotar este monstruoso aparato ideológico que desdibuja la verdad de las cosas es votando contra un eventual retorno del tirano. Esa es la única arma con la que nos dejó la dictadura y, por ello, utilizar este recurso invalorable es de vida o muerte.

Quien puede enfrentar este monstruo de mil cabezas de forma eficiente es quien le ha probado al pueblo boliviano su rectitud y capacidad moral; porque la capacidad moral de candidatos como Carlos Mesa son el talón de Aquiles del MAS y la pesadilla de Morales. Pueden haber muchas opciones, y eventualmente muchas de ellas pueden ser muy buenas, pero no poseen la fortaleza ética y moral del candidato Mesa. La batalla no sólo pasa por restituir la institucionalidad democrática, también pasa por restituir los valores de una moral social que el MAS pulverizó en 14 años de corrupción, inmoralidad y narcotráfico.

No es que ahora sólo votamos por quien le haga frente al dictador, de esa talla hay más de un candidato; votaremos por quien tenemos la certeza de que es capaz de ganarle al MAS y reconstruir una sociedad víctima de la más espantosa degeneración ética y moral, y esa posibilidad, en la contingencia de la actual coyuntura, sólo la tiene Carlos Mesa. No hay en este artículo únicamente una declaración pública de mi apoyo a Mesa, hay también la angustia de quien ve que la división del voto es un acto suicida que la historia juzgará implacablemente.

Renzo Abruzzese es sociólogo.

https://www.paginasiete.bo/opinion/renzo-abruzzese/2020/9/22/la-reconstruccion-moral-de-la-nacion-268870.html

Abecor Sep/17/2020